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La Coctelera

Aunque No Esté De Moda

8 Febrero 2006

De Antonio Lorenzo: Sin Lorenzo

vamos de la vida a la muerte
vamos de la nada a la nada
y mientras llenamos el tiempo
pa no sentirnos ser nada
clavados los pies en la orilla
tus manos escurren el agua.
¿Y al final que nos queda?
Sólo el vacío y la Nada.
Siento un vacío en el alma. Necesito un empaste existencial.

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Alberto

Alberto dijo

Oye, pues si alguna vez das con un buen almista, dímelo, yo necesito una ortodoncia anímica...

9 Febrero 2006 | 05:30 PM

ttoott

ttoott dijo

meri, me aburro de leerme cada vez que abro el blog... ¿estás de huelga? Voy a pedirle a Rajoy que reuna firmas para que vuelvas a tu puesto. ¿No será que el vacío existencial le ha atacado tambien a los bits internéticos de este sitio cibernético? ¿Se habrán fundido los circuitos éticos? ¿Se habrá gripado el rotor estético? ¿Tendrá algo que ver la Bruja Avería, o el sistema Penibético? ¿Por qué hay mujeres a las que, si las tumbases en un plato, no las podrías diferenciar de un arenque? Solo se que aquí hace un calor espantoso, amigo Wilson -dijo Robert Falcon Scott antes de desnudarse por completo en el polo sur (gracias a lo cual pudo recuperarse intacto el famoso juanete de su pie izquierdo, que ahora se exhive en el London Museum of Antropology, junto con el duodeno de Churchill y el apéndice de Macbeth, en su primera edición).

17 Febrero 2006 | 05:32 PM

infraganti

infraganti dijo

¿El vacío y la nada? El poemilla que os pongo tiene de todo esto y por litros. Es de la antología de Kramelo C. Iribarren "Seguro que esta historia te suena", que me la mandó ayer. Es una delicia recordar poemas como este:

TOCANDO FONDO

El último salvavidas
al que suelo agarrarme
en estos casos,
el teléfono,
hoy tampoco me sirve.
Por mucho que ahora marque
los tres o cuatro números
de amigos disponibles,
es seguro que no estarán en casa,
o que si están
me manden literalmente a la mierda
sin mediar palabra
y cuelguen.
Supongo que los tengo
-y con razón-
hasta los huevos
de mis ya preocupantes borracheras,
y que el perdón
y los arrepentimientos
perdieron su efectividad
hace ya tiempo.
Supongo que es así.
Pero, con todo, lo peor
es que no recuerdo nada.
No sé con quién estuve,
ni dónde,
ni a quién le dije algo
lo suficientemente fuerte
como para acabar a golpes por el suelo
y que ahora me duele hasta pensar.
Lo que está claro,
en cualquier caso,
es que me dieron hostias
como suele decirse
hasta en el carnet
de identidad.
Que por cierto he perdido.
Lo mismo que las llaves,
la chupa, y un ejemplar
en tapas duras
de los relatos de Hammett
con un breve poema dedicado dentro
que pensaba regalarle a una mujer
para el día de su cumpleaños
que es hoy.
En fin; que estoy
hecho unos zorros,
o un cromo,
o más tirao que un lapo,
o más jodido que una perra puta.
Y lo más triste
y negro
y peligroso de esta historia,
es que ya no me queda
ni siquiera el coraje necesario
para ponerme delante del espejo
y mentirme, otra vez más,
que, por mis muertos,
esto se tiene que acabar.

Si os interesa el autor, aquí hay más cosas suyas (y no todas tan desgarradas):
http://members.fortunecity.com/mundopoesia2/autores/karmelo_c_iri...

7 Marzo 2006 | 11:53 AM

Andrea

Andrea dijo

¿Antonio Lorenzo? Un sinvergüenza y además, un cobarde. Su timbre de voz le delataba. Pero yo no quería verlo.

Que piensa que puede burlarse de otras personas. Pero observa mejor, Lorenzo, con quién lo sigas haciendo. Corres el riesgo de quedar como un mamarracho, como un mamarracho sonriente.
Te deseo todo lo que te corresponde en esta vida, y sólo eso.

Por el daño que me has hecho sonriendo. Porque no eres moral.

16 Febrero 2007 | 10:21 AM

Andrea

Andrea dijo

Y para despedirme, te recomiendo un libro. La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera.
Despedirme, porque ya no habrá mensajes, ni emails, ni cartas escritas a mano que encontrar bajo el parabrisas de tu furgoneta, ni Kinsey, ni Léolo ni Azul... ni discos dedicados, ni todos los de mi coche en el tuyo durante semanas, ni sorpresas apareciendo para sonreirte en tu cocina, ni cama compartida, ni furgoneta, ni invitación a cenar que no devuelves, ni inclusiones en mis viajes o excursiones de fin de semana. Ni mi comprensión que siempre quisiste ver como incomprensión... tal vez en un esconderse o huir de alguien a quien ni a los pies llegabas. Porque para desgracia tuya, sabes que yo sí te valía la pena. Pero te inventaste cómo resolver huir. Y te escondes, como tanto lo hace la sociedad actual. Te escondes o eres lo impresentable para ni siquiera dedicarme ahora un minuto.

Mis disculpas a Merilor, por dejar lo único que me queda (expresión) después de un mes dedicado a tu hermano, el cual, hay que decirlo, sólo tiene buenas palabras hacia ti. Me habría gustado conocerte primero.

16 Febrero 2007 | 02:24 PM

antonio

antonio dijo

valla, parece que este viejo y olvidado foro, especie de pueblo abandonado en las llanuras de la palabra, recobra la vida gracias a iracundos dioses; gesto de profanación, la sonrisa rasgadora, verbo castigador, tu palabra aquí sellada.

viernes 10 de febrero. 10:21 A.M. Justo después de verme en el restaurante regresas a casa llena de ira y te sientas al ordenador. por esa sonrisa.

ese viernes que asomaste por la puerta de la cocina... Qué situación...
el local lleno hasta la terraza, todos se habían puesto de acuerdo para ir a la misma hora el día que yo no tenía ayudante, desayunos y más desayunos, ¡Barrita con tomate, mixto con huevo, tortilla de patata individual, huevos revueltos con bacon y cura a la plancha con mantequilla y mermelada! (la realización profesional de un cocinero), con un fiestero y un cubatero como camareros (a uno ya lo han echado y el otro se ha suicidado laboralmente al no presentarse a trabajar en tres días), sin Edgar, mi mano derecha en la cocina y nuestro salvador, con un catering que preparar, tortillas de patata para 30, emparedados, brochetas... y todo antes de las 10:00 A.M.

y asomas tu por la puerta. "¿Tienes mis cds?".

No lo podía creer, ¡Barrita con tomate!, No, los tengo en la furgo, Me das las llaves, y marchas a por ellos, ¿Tienes ya las dos barritas con mermelada?, pregunta nerviosamente detrás del 'pase' un camarero.
A tu regreso me devuelves las llaves, Es que no me vas a decir nada, me preguntas, ¡Porción de quiché y barrita con tomate!, Mira, ahora no puedo, Nunca puedes.

Miré tu silueta tras la puerta, en la terraza donde se oía a los clientes, mientras imaginaba a alguno escuchando y mirando furtivamente, y miré brevemente alrededor, miré el careto de Miguel, miré la cocina totalmente empantanada, volví a mirarte a ti, y no pude evitar reír. Mi maliciosa e irónica y sarcástica sonrisa. El mundo es absurdo, pensé, El acontecimiento de los sucesos no es más que un puro caos, nada tiene sentido, nada de lo que hace creernos seres especiales, ni mi desayuno deleitando al personal con el más sexy de los vestidos, ni mi cochazo para fardar, ni mi chalet en boadilla, ni mi suprema inteligencia, ni mi trabajo, ni tu orgullo, ni yo. Y eché a reír..., Qué mundo este, Qué extrañas criaturas somos… esa sonrisa que tanto daño te hizo.

"Eres un sinvergüenza y además un cobarde", dijiste, y te desvaneciste, y desapareciste, como creí que habías hecho, para luego volver, minutos después, a este blog, terminando así ese "mes dedicado a mí".

Se me encogió el corazón. Tus palabras están bien entrenadas en hacer daño. Pensé sobre lo que habías dicho.

Lo cierto es que después de los smsitos donde tanto tu como yo nos reafirmábamos en que esto no podía seguir, parecía bastante claro que ni tu querías liarte con alguien que tenía otras relaciones -lo cual sabías desde el primer momento-, ni podías dominar tus sentimientos para hacerlo -lo cual creo que descubrimos los dos-, ni yo estaba dispuesto a dar ni uno sólo más de mis lentos pasos hacia ti, visto que estos poco iban a disfrutar del camino acompañando a tus acelerados saltos y carreras –que no dudo que haya montones de personas a los que le merecerían la pena, y hasta se pelearían por ti, pero, ay Andrea, tus encantos que no son pocos no son los que yo busco .

Unas semanas y apenas tres citas después de que me esperaras a la salida del trabajo para pedirme el teléfono, parecía claro que esto había tocado fondo; sólo quedaba vernos un día, darte tus cds, y decirnos adiós, con el aroma de los buenos momentos que también tuvimos, de las sonrisas sinceras que también fueron, y el triste convencimiento de que no íbamos a ningún lado.

Y apareciste en la puerta de la cocina.

Creo que no se te da muy bien lo de dejar que las cosas sucedan, paciencia, y aguardar el momento. Siempre tenías que adelantarte, dejar la nota en el parabrisas, el correo, el correo respondiendo a tu propio correo, y hasta un tercero, sms nuevo, esperando respuesta y saltando de nuevo al no tenerla, y pelis y relatos, y preguntas, lanzándote a indagar, a escudriñar, a rascar.

¿Por qué dejaste todo tu mundo para entrar en mí? Ya sabías que mi casa está abierta pero ocupada, y que no firmaría ningún compromiso de exclusividad. Sólo el disfrute de lo que queramos compartir juntos, de lo que vallamos descubriendo poco a poco -sin pensar en disfrutar de todo y ya.

Chocamos de frente; tu alocado tren y mi pétreo gesto. Y ahora duele. Y ese dolor lo quieres compartir con el resto. –por cierto, ya que quisiste compartir nuestros trapos con todos los cibernautas que por aquí se paseen, les invito a hacer un alto en el camino, releer lo aquí escrito, y opinar, y hasta poder inventar un final para este culebrón forzado por las prisas de la soledad.

Te duele esa sonrisa de la cocina, que transformó toda sonrisa en mamarracho, todo yo en mamarracho, todo aquello donde habías entrado, olvidando el resto de tu vida por un mes, todo ello en mamarracho; toda tú en mamarracho. Otra forma de ver al absurdo de la vida. Y de reaccionar ante ello: no continuar sino destruir.

Aunque no se ni porqué te molestas en intentar destruir a este sinvergüenza cobarde, que ni a los pies te llega, un simple y burdo cocinerito. No merece la pena que bajes de las alturas, de tu atalaya de premios literarios juveniles, de la de tu familia de alto funcionario, de tu madre pintora y de casa rica y tu perro manchado, que ni siquiera a él le llego a los zapatos.

¿Cobarde? ¿Por intentar enfriar la situación? Un enfrentamiento de pareceres nos hubiera llevado a esto, a la destrucción -visto que mi parecer sobre tu actitud al indagar sobre la foto de la pared, actitud que califiqué de impertinente y suspicaz, despertó en ti una rabia contenida que no podía imaginar -. Mejor era dejar enfriar nuestras cabezas, nuestros cuerpos. Dejarte a ti con tu pensamiento de que no querías volver a liarte conmigo, porque te hacía sentir mal, y yo con el mío de que mejor estaba donde estaba.
Después, salida diplomática: toma tus cds y buena suerte en la vida. Nunca me gustaron los guantazos. ¿Esconderme? Si con ello evito una guerra… Aunque veo que me equivocaba al pensar que esto se enfriaría, pues eres de los que se encienden el la distancia, se enardecen con el paso de los segundos, y se inmolan antes de verse rechazados. (y quede claro que lo que te duele no es mi rechazo, sino que no fuese como en tu sueño, ese que te creaste al, como decías, ‘oírme hablar de la pannacotta’).

¿Sinvergüenza? No por lo que hice o dejé de hacer. Será que soy un inmoral.

Y en cuanto al tono de mi voz, siento que no sea de tu agrado. Cierto es que no soy Constantino Romero, pero no es menos cierto que con ella puedo entonar un buen blues, hacer feliz, hacer reír, herir, enfrentarme o huir, según me venga en gana, me dicte el mundo o mi cabeza (sea o no sabia), o me salga al ver una mirada.

Y con este blues te digo adiós, nos guste o no a ninguno de los dos.

P.D.: Sólo hay una cosa que nos corresponde en esta vida. La muerte. Lo demás, nunca se escribió…

28 Febrero 2007 | 12:00 AM

Andrea

Andrea dijo

Tanto tú como yo sabe la realidad, no es lo que quede escrito. Y sabes cuándo hacías daño. Sabes que sonreiste anteriores veces.
No vine aquí a explosionar con mi ira. Vine a liberarme de ti, a poner punto y olvidar lo imbécil que había sido. Y toda posición de tu parte para mí es un juego, porque perdiste mi confianza y no me creo nada que digas. Así que no digas, Antonio Lorenzo, no para que yo te oiga.
Mi familia no es rica. Mi urbanización no era lo mismo hace quince años.
Es más, no tienes ni idea de nada de mi persona. Sólo de un mes de algo llamado estrés post-traumático. Porque no querías saber. Porque tienes una soberbia ahogándote. Y cuando te lloré al hablarte de mi vida, no me abrazaste. Es más, seguramente ni siquiera recuerdes. Porque te estás perdiendo la vida con ideas en las que ni siquiera crees. Y no sabes que los demás son distintos. Ni te interesa.
A mí tú no me interesas. Había olvidado volverme a pasar por aquí...

2 Marzo 2007 | 12:28 PM

Andrea

Andrea dijo

...La mañana que aparecí fue la de un sábado tras dos semanas de decirme tú que hablaríamos y me devolverías los discos. Esperé dos semanas sin "molestarte", y fui a por mis discos. Con previo mensaje avisándote esa mañana, no aparecí de repente.
A alto funcionario se llega opositando.
Si sonríes y te responden que eres un sinvergüenza, con palabras, las que no tuviste para mí (porque un "nunca puedes" es un "nunca quieres"), me he ido y te he comunicado que me has hecho daño. A tu persona le basta pensar para sí lo loco que está el mundo. Mientras, yo que te apreciaba, no entiende y está dolida.
Eso no es cuestión de posesiones de la razón ni de justicia, un término peligrosísimo para las relaciones sociales. Donde no hay justicias, sólo acuerdos.
Tu carpe diem llevado al extremo no crea vínculos afectivos. Y el amor no sucede en minutos u horas, y luego se va por la puerta.
La foto no me creó ira. Te pregunté quién era dos veces, y eso te llevó a ti a insultarme. Soy yo la iracunda. No tengo absolutamente nada que envidiar a una fotografía, ni a nadie. Nadie a nadie, todos somos especiales. Desde la microhistoria de la fotografía sólo intenté el acuerdo o la reconciliación, pero tú eres un derrotista, llamas incompatible a la solución. Quien piensa el día 2 que algo no funcionará, hasta el día 10 ha ido haciendo todo lo propicio para que no funcione.

Eso ya sí que es todo.

2 Marzo 2007 | 07:09 PM

Andrea

Andrea dijo

Siento mucho haber escrito aquí alguna vez. Si Merilor quiere, a mí me gustaría que quedaran borrados mis mensajes.
Y siento Antonio que hayas tenido que beber de mi estrés personal por un mes, y también que un día te pidiera el teléfono y todo eso. No haber cumplido con lo que te dije, con un te llamaré después de los exámenes. Porque sabía que no estaba bien y hacía mal quedando.

Ciao

6 Marzo 2007 | 06:57 PM

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